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En el desarrollo de
aplicaciones se plantean una serie de problemas
fundamentales:
La toma de requisitos es
insuficiente y a menudo la realiza personal sin
conocimientos técnicos adecuados. Por ello las
aplicaciones con frecuencia no satisfacen los
requerimientos ni las necesidades que el cliente
demandaba.
El desarrollo de la aplicación
concentra mucho de su esfuerzo en la escritura de código
sin un análisis y diseño suficientes, y generalmente con
una ausencia total de arquitectura y metodología, lo que
desemboca en continuas modificaciones del código ya
escrito.
El equipo que desarrolla la aplicación
es renovado constantemente, y en muchas ocasiones no
cuenta con el conocimiento ni la experiencia
suficientes. Además, el desarrollo de las soluciones se
suele comenzar desde la nada, sin ningún tipo de
infraestructura previa, lo que a menudo lleva a
"reinventar la rueda", o lo que es lo mismo, empezar de
cero cada una de las tareas en todos los proyectos que
se acometen.
Todo ello provoca generalmente tres
problemas comunes:
- Se exceden los
tiempos planificados para el proyecto, lo que
supone un aumento de los presupuestos que debe costear
el cliente.
- Las aplicaciones
desarrolladas no cumplen los
requisitos que el cliente esperaba al
comienzo del proyecto.
- Cuando se despliegan
finalmente las soluciones, no están
completamente terminadas, y requieren de un
continuo mantenimiento que habitualmente supone
aplicar parches de manera ininterrumpida, con un coste
permanente que a veces supera el del propio desarrollo
de la aplicación.
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